Mitología

Saga SirenSong

La novela de fantasía submarina que está dando mucho de qué hablar…

En el reino de Aurea se profesan dos credos: por una parte se adora al Amo Azuros, señor de las Sirenas y deidad guardiana de los aureanos, y por otra, a Iris, la diosa Sirena que en un pasado remoto entregó las reliquias mágicas a la familia real de Aurea.

El culto a Azuros

Se dice de Azuros que tiene ojos en cada fuente, y es que este dios, a pesar de vivir en un lejano palacio bajo el mar, es capaz de ver todo lo que ocurre en toda Aurea a través de las fuentes repartidas por la ciudad. Es así como todos los habitantes del reino pueden rezarle y suplicarle para lo que necesitan, aunque se rumorea que el rey Jove es capaz de hablar directamente con él a través de una fuente especial…

Dependiendo de la ocasión, Azuros se puede presentar como un ser humano o una bestia marina; tal es su poder que puede cambiar de aspecto a voluntad. En su forma humana, esta deidad se presenta como un hombre muy alto y musculoso con la piel morena y el pelo de un brillante color rojo. Por toda su piel corren tatuajes escritos en una lengua antigua, que muestran fulgurantes una inscripción que nadie sabe descifrar.

Pero cuando nada por el fondo del mar, Azuros adopta la apariencia de una inmensa serpiente marina cuya piel está cubierta de ojos que asoman por debajo de las escamas de un azul brillante que los protegen. No está hecha la mirada humana para posarse sobre un dios, por lo que al mirarlo da la impresión de que la luz se rompe y distorsiona a su alrededor.

Los mensajeros de Azuros son las Sirenas, unos seres andróginos que se adaptan a su entorno. Cuando nadan por el mar, lo hacen con una cola de pez que les ayuda a moverse con más facilidad, mientras que en el aire desaparece esta cola y en su lugar aparecen piernas humanas y alas de halcón.

Los ojos de toda la congregación se volvieron hacia arriba. A través del muro de agua pudieron ver docenas de figuras serpentinas nadando rápidamente hacia la enorme figura que ensombrecía el campo de ejecución. Cayeron entonces del techo acuático, mostrando la cola de un pescado y torso, cabeza y brazos humanos. Conforme caían, sin embargo, se produjo una transformación milagrosa: sus colas se tornaron en piernas y pies, y de sus espaldas brotaron largas e imponentes alas marrones, que usaron para posarse levemente sobre el suelo. Estaban desnudas casi por completo, salvo por túnicas blancas de seda y ornamentos hechos de perlas y conchas.

SirenSong, prólogo

En el centro de la ciudad de Aurea se encuentra el Sacrus Mons, un monte que sirve como hogar para el Templo de las Sirenas. Allí residen ellas para escuchar los rezos y plegarias de los plebeyos, así como para ser adoradas por el pueblo. Este es un lugar sagrado para todos los aureanos, por lo que es común que se celebren las reuniones y eventos más importantes en la enorme plaza a su entrada.

El culto a Iris

Aunque el culto a Iris no está tan extendido como la doctrina de Azuros, sí que parece ser mucho más antiguo y tener raíces más profundas. En el templo que se encuentra al norte de la Flora Terra reside una inmensa estatua en su honor para que los ciudadanos puedan adorarla, aunque algunos de los miembros del gremio de arponeros aseguran haber visto representaciones de la diosa Iris en las que no aparece como Sirena.

Poco se conoce de Iris más allá de ser la protagonista de un sinfín de leyendas y cuentos populares del reino. Lo que sí se sabe con seguridad es que fue ella quien, hace mucho tiempo, creó y ofreció las reliquias mágicas a la familia real de Aurea. Es gracias a estas que los aureanos han conseguido prosperar en su reino bajo las aguas, y por esto se la tiene en muy alta estima.

Iris, orgullosa de la honestidad y nobleza de nuestros ancestros, decidió otorgarles el poder necesario para construir un reino que duraría miles de años; fue gracias a sus artilugios mágicos que nuestros antepasados fueron capaces de dominar los elementos y pudieron construir el reino de Aurea en la superficie. Desde aquel glorioso momento, sus regalos habían sido heredados por los descendientes de aquellos monarcas cuyas historias se perdían en las brumas de la leyenda. Como prueba de su intervención, todos los reyes y reinas de Aurea siempre tuvieron siete hijos, ni uno más, ni uno menos. Solo así serían capaces de continuar el legado de Iris.

SirenSong, capítulo XII

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